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Existen alimentos cuyas calorías resultan muy difíciles de detectar, a veces desconocemos si aquello que comemos engorda o no... A continuación expongo una muy útil lista de alimentos que contienes las llamadas calorías ocultas:



REFRESCOS AZUCARADOS
• Con unas 100 calorías por vaso pequeño (200 cc), son una de las fuentes principales de calorías vacías de nuestra dieta. Aún peor: como los líquidos no sacian tanto como los sólidos, las calorías sumadas no te ayudarán a calmar el hambre. Un estudio ha comparado los efectos de ingerir 450 calorías diarias en forma de refrescos azucarados con los de tomar las mismas calorías en forma de gominolas. Resultó que las personas que tomaron los refrescos aumentaron mucho más de peso que el resto, sobre todo porque los que comieron las gominolas vieron reducido su apetito y acabaron ingiriendo menos al final del día.
El consejo: si tienes sed, bebe agua o té. Y si te apetece algo dulce, opta por un caramelo o, aún mejor, una fruta.

ALCOHOL
• Las encuestas dicen que muchas mujeres calculan las calorías de la comida cuando van al restaurante, pero no suman las de las bebidas alcohólicas (¡como si éstas no se reflejaran en el peso!). Recuerda que 250 cc de cerveza tienen 115 calorías y 200 cc de vino, 130. Mucho más calóricos son los whiskies y brandies (250 calorías por 100 cc) y, sobre todo, los licores cremosos, tipo Baileys (400 calorías por 100 cc).

LÁCTEOS ENTEROS
• Un vaso de leche entera (200 cc) tiene 136 calorías. El mismo vaso de leche tiene 72 calorías si es desnatada, y 98 si es semidesnatada. Quizá lo más interesante de cambiar los lácteos enteros por desnatados o semidesnatados (lo que incluye yogures, quesos, natillas, helados...) es que las calorías que ahorramos son justo en forma de grasa saturada, mala para las arterias, y que nos conviene evitar.



HARINAS BLANCAS
• El pan blanco (250 calorías por 100 g), la pastelería y la bollería en general (donuts, bollos, brioches, galletas, pastas, cruasán, tartas... todos con más de 400 calorías por 100 g), no sólo añaden calorías que el organismo convierte muy fácilmente en grasa, sino que, tomados de forma habitual, pueden producir resistencia a la insulina y aumentar el riesgo de diabetes del tipo 2. Para evitarlo, opta por productos elaborados con harinas integrales (ricas en fibra) y reserva la pastelería convencional para ocasiones realmente especiales. Una excepción a esta regla es la pasta, con 160 calorías por bol de pasta cocida. Al dente y, aún más, con verdura, no produce los picos de azúcar del resto de productos hechos con harina.

SALSAS Y ALIÑOS
• Simplemente cambiando la mayonesa normal (cada cucharada, 100 calorías) por mayonesa light, te ahorras 50 calorías por cucharada. Lo mismo vale para otras salsas con base de aceite, como la tártara o la bearnesa. También puedes reducir a la mitad las calorías de los aliños de ensalada si los preparas con una base de yogur light mezclándolo, por ejemplo, con mostaza, aceite de oliva virgen, sal, pimienta...

ZUMOS INDUSTRIALES
• Un vaso (250 cc) de zumo de naranja industrial tiene 150 calorías, casi todas en forma de azúcar. Si quieres rebajar calorías y calmar mejor la sed no tienes más que añadirle agua. Cuanta más agua, menos calorías en proporción al volumen.
GUARNICIÓN
• Por mucho que pidas los pescados y carnes a la plancha, si te los presentan con patatas fritas (500 calorías por 100 g), todos tus esfuerzos para controlar tu ingesta calórica se habrán ido al garete. Aunque el plato venga anunciado con ellas, no dudes en pedir que te cambien las patatas fritas por ensalada, verduras a la plancha o un tomate aliñado (menos de 100 calorías ración). Sólo con esa medida te ahorrarás miles de calorías a la semana.

BOCADILLOS Y SANDWICHES
• Antes de preparar un bocadillo, una hamburguesa o un sándwich, ten presente esta regla de oro: cuantas más verduras pongas en ellos, más te saciarán y menos deseos tendrás de tomar un segundo bocadillo o picar otra cosa. Y no sólo tendrás más saciedad en relación a las calorías. Rodajas de tomate o de cebolla; hojas de lechuga; pepinillos; trozos de pimientos del piquillo... añadirán fibra, vitaminas al pan y harán este tentempié mucho más apetecible y fácil de masticar y digerir.
PALOMITAS DE MAÍZ Y SNACKS SALADOS
• Un estudio realizado en los EEUU. revela que la ración más pequeña de palomitas que se vende en los cines tiene 20 gramos de grasa y la más grande 80. Si eso es realmente así, en todas las salas, con cada ración grande de palomitas que te tomes ingerirás más grasa que la que contienen tres hamburguesas o siete barritas de chocolate. El problema es la grasa que se añade para hacer las palomitas más agradables al paladar. De hecho, las que preparas en casa, (sin grasa añadida), tienen apenas 75 calorías por tazón. En cuanto al resto de los snacks, las cifras asustan: una bolsa pequeña de patatas fritas tienen 150 calorías; una bolsa de gusanitos, 175 y 100 g de pipas de girasol, 280 (lo mismo que un filete a la plancha con ensalada).

BARRITAS DULCES
• Se parecen entre sí, pero no son lo mismo en cuestión de calorías, sobre todo porque el peso por unidad varía mucho. Una barrita tipo Mars (65 g) tiene casi 300 calorías y dos Twix (un paquetito, 100 g) llegan a las 306. Para saber a qué atenerte, lee las etiquetas. Si no vienen indicadas las calorías, opta por otro dulce.

MANTEQUILLA
• Cámbiala en el desayuno por mermelada, y te ahorrarás 100 calorías cada día (si las multiplicas por los 30 días del mes, son 3.000 calorías ahorradas). Dicho lo dicho, te conviene también vigilar lo que untas en el panecillo del restaurante. Ese bollito con mantequilla que te tomas, como sin darle importancia, mientras llega el primer plato puede sumar más de 200 calorías al total de la comida.
REBOZADOS Y FRITOS
• Si recuerdas siempre que apenas 100 cc de aceite (un vasito pequeño) posee 900 calorías, te será más fácil comprender cómo cualquier alimento puede duplicar sus calorías si se fríe o reboza. Un ejemplo: 100 gramos de pechuga de pollo a la plancha aportan 85 calorías, si la rebozas, 290. Una ración (200 g) de bacalao fresco al horno poseen unas 150 calorías. La misma cantidad de bacalao empanado tiene 190. El mismo principio se aplica a las verduras, patatas... Y piensa que tan sólo 100 gramos de churros­ (que son harina y agua, básicamente) tienen 350 calorías.

Fuente: hoymujer
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Si desea perder peso, parece que no importa el tipo de plan de dieta que elija. Lo que realmente importa es que coma menos.

Un estudio que aparece en la edición del 26 de febrero de la New England Journal of Medicine comparó varios planes de dieta, que enfatizaban distintas cantidades de grasa, proteína y carbohidratos y encontró que cualquier plan de alimentación que haga que se consuman menos calorías ayudará a perder peso.

"Este estudio tiene un mensaje muy práctico y útil", aseguró el autor del estudio, el Dr. Frank Sacks, profesor de prevención de la enfermedad cardiovascular en la Facultad de salud pública de la Harvard. "En realidad no importa el tipo específico de dieta, elija la que más le convenga. El enfoque debe ser la reducción de calorías. Eso es lo que en realidad importa".

Ha habido intensos debates sobre qué tipo de plan de dieta es mejor. Los resultados de estudios sobre las dietas bajas en grasa y altas en proteínas han sido mixtos, pues ninguno arroja evidencia concluyente, según la información de respaldo del estudio de Sacks.

Para intentar responder a la pregunta de qué funciona mejor, Sacks y colegas reclutaron a 811 personas con sobrepeso, alrededor del 40 por ciento de sexo masculino, de dos ciudades, Boston y Baton Rouge, Luisiana.

Se les asignó al azar a una de cuatro dietas:

Una dieta baja en grasa y con proteína promedio conformada por veinte por ciento de grasa, quince por ciento de proteína y 65 por ciento de carbohidratos.
Una dieta baja en grasa y rica en proteína con veinte por ciento de grasa, 25 por ciento de proteína y 55 por ciento de carbohidratos.
Un plan de dieta rico en grasa y con proteína promedio que contenía 40 por ciento de grasa, quince por ciento de proteína y 45 por ciento de carbohidratos.
Una dieta rica en grasa y rica en proteína de cuarenta por ciento de grasa, 25 por ciento de proteína y 35 por ciento de carbohidratos.
A todos los grupos se les indicó que no consumieran más de ocho por ciento de su ingesta diaria de calorías en grasa saturada, y que intentaran consumir al menos veinte gramos de fibra dietética todos los días. La meta de actividad física se fijó en 90 minutos por semana.

Todos recibieron consejería grupal e individual durante el periodo de dos años del estudio, e ingresaron información sobre la dieta y el ejercicio en un programa de computadora que proveía retroalimentación sobre qué tan bien cumplían con sus metas dietéticas. Alrededor del 80 por ciento de los participantes completaron el estudio.

Luego de seis meses, los participantes de cada grupo habían perdido un promedio de unas trece libras (6 kilos). Después de dos años, la pérdida promedio de peso había bajado a entre seis y siete libras (2.7 y 3.2 kilos). Los participantes del estudio reportaron satisfacción similar con sus dietas.

Las medidas de salud, como los niveles de presión arterial y colesterol, también fueron similares entre los grupos.

"En promedio, ninguna dieta fue mejor que otra", apuntó Sacks. La moraleja es que si se desea perder peso, aconsejó, "hay que llevar una dieta sana para el corazón y ser muy cuidadoso con la cantidad que se come".

Sin embargo, este tal vez no sea el final del debate. En un editorial acompañante, Martjin Katan, profesor de nutrición de la Universidad Libre de Ámsterdam, apuntó que aunque los investigadores habían anticipado que los contenidos de las dietas variarían mucho, las diferencias reales en contenido entre los planes tuvieron un promedio de apenas uno a dos por ciento.

Entonces, señaló que no considera que el estudio resuelva el asunto de dieta versus dieta.

En vez de ello, es otro estudio que muestra lo difícil que es perder peso y mantener la pérdida, porque incluso estas personas, que participaron en una intervención intensiva, tendieron a recuperar el peso.

"Perder peso y mantener la pérdida puede ser tan difícil como abandonar un hábito de drogas", advirtió Katan. "El determinante más importante del éxito tal vez no sea la composición de la dieta. Tal vez sea que la comunidad promueva el ejercicio y controle las comidas calóricas".

Fuente: Medlineplus
Imagen: herdaily
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Hace unos días, expuse una pequeña lista de alimentos que aportan 100 calorías (junto con sus respectivas cantidades). Pues bien, a continuación indico más alimentos para que los añadáis a la anterior lista (para verla, click aquí) y tengáis más opciones dónde elegir:

3 galletas y media tipo María= 100 calorías aprox. ( soy consciente que lo de media galleta puede sonar un poco "raro", pero haciendo las cuentas justas, es lo que sale para llegar a las 100 calorías, ya que cada galleta María nos aportan 28,8 calorías aprox.(435 calx100 gramos, depende de la marca).

2 yogures desnatados= 100 calorías aprox. ( exactamente son 90 calorías, ya que cada yogur desnatado de 125 gramos aporta 45 calorías)
2 naranjas pequeñas (200 gramos en total)= 100 calorías aprox.






2 tiras de un Kit-kat (en el pack de 45 gramos vienen 4 tiras, que suponen un total de 228 calorías), por lo que si nos comememos dos ingerimos 114 calorías.



3 pepinos de 200 gramos cada uno= 100 calorías aprox.



1 huevo de unos 75 gramos o dos huevos pequeños (SIN freír, es decir, hervido o preparado sin aceite ni grasas)= 100 calorías aprox.

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Existen alimentos que deberíamos suprimir de nuestra dieta si queremos adelgazar (estos son algunos ejemplos en caso de querer perder peso):


Los Donuts y similares: contienen enormes cantidades de azúcar y de grasa. Aquí también se incluirían diferentes snacks como por ejemplo los Snickers, así como distintos bollos (sobretodo de tipo industrial): Phoskitos, Pantera rosa, etc. altos en grasas y con muchas calorías vacías.

Pan de ciabata para pizzas: es una masa de pan para pizza, que está hecha con aceite de oliva, con lo que es mucho más grasa, que la masa de pizza normal. Si además a una pizza ciabata le añadimos una capa de queso y pimientos, podríamos llegar a ingerir 1000 calorías de una sentada. Así que si coméis pizza, elegid preferiblemente un masa fina y que los ingredientes sean sanos, por ejemplo, una pizza de queso y jamón o atún.

Mayonesa: debería consumirse muy poca cantidad o eliminarla de la dieta si se quiere adelgazar. Una cucharada de mayonesa, que serían unos 11 grs., representan unas 100 calorias. Así es que, es un error comerse una ensalada aliñada con salsa mayonesa, porque se añade una gran cantidad de calorías extras (varias cucharadas).
Las Patatas fritas o chips, Fritos de Maiz, Ganchitos, Doritos,etc.: para adelgazar, hay que tener en cuenta que una bolsa de patatas grande aporta unas 600 calorías (las mismas que una tableta de chocolate entera aprox.).

Queso frito: suele ser una entrada habitual en algunos restaurantes: "camembert frito", "brie frito", provolone... Tiene una notable cantidad de grasas y además, el queso absorbe aceite al freirlo, como una esponja.

Hamburguesas con bacon y queso de los locales fast food: una hamburguesa de este tipo de Burguer King tiene un aporte calórico de 400 cal. y 22 grs. de grasa; una hamburguesa de este tipo de Macdonnal's tiene 478 calorias y 24 grs. de grasa. Opta por una hamburguesa casera sin salsas y con pan de panadería (sin grasas).


Bebidas gaseosas azucaradas: este tipo de bebidas están entre las culpables del aumento de peso. Hay que tener en cuenta que cada lata de refresco con gas lleva unas 12 cucharadas de azúcar. Así que en caso de querer consumir este tipo de bebidas, la mejor opción es escoger las de tipo light, ya que apenas aportan calorías.

Fuente: euroresidentes, imágenes: GoffB, Zeetz Jones,in-n-out
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¿Siempre que comes dejas el plato vacío?
¿Comes sin tener apetito?
¿Te da hambre cada vez que miras televisión?
¿Comes sin control un alimento que te gusta?
¿Si estás enojado(a), triste, solo(a) o aburrido(a), te refugias en la comida?
¿No sabes reconocer si lo que sientes es hambre o un simple antojo?
¿Después de haber comido mucho, te sientes arrepentido(a)?


*Si has contestado de forma afirmativa a alguna de las preguntas anteriores, puede que seas un/a comedor/a emocional.



A continuación, te indico un listado de consejos básicos para ayudarte a controlar tus emociones y, a su vez, a tu peso:



  • Date tiempo para estar a solas contigo mismo(a). Escucha tus pensamientos y sentimientos.


  • Cuando te sientas estresado(a) o decaído(a) y tengas ganas de calmar la tentación con un bocado de comida, te recomendamos que te detengas por unos segundos y pienses sobre lo que estás sintiendo, y si realmente comer es la solución a tus problemas. Prepararte mentalmente te ayudará a comer de forma moderada y equilibrada.


  • Cuando sientas antojo, pregúntate si realmente tienes hambre y cuándo fue la última vez que comiste. Si no estás seguro(a), espera unos 20 minutos y hazte la pregunta nuevamente.

  • Siéntate siempre a comer en la mesa. Evita ver televisión cuando estés comiendo, pues no te darás cuenta cuando estés lleno(a) o satisfecho(a).


  • Lleva un diario y anota todo lo que comes, las cantidades que consumiste, dónde comiste y cómo te sentías emocionalmente en ese momento.


  • Haz una lista de actividades que desvíen la atención por la comida, como por ejemplo: llama a un amigo(a), lee un buen libro, sal a caminar, date un baño, etc. Recuerda que lo mejor que puedes hacer es ejercicio; practica algún deporte que te guste, como yoga, taichí o cualquier ejercicio relajante.


  • Nunca vayas de compras con el estómago vacío, pues esto hará que compres sólo alimentos altos en calorías. Por el contrario, si te da hambre, espera un rato prudente para que se te pase la sensación y luego sal a hacer tus compras.

Fuente: midieta.com Imagen: Google

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Has decidido que hoy vas a consumir la llamada "comida basura" a pesar de estar a dieta para adelgazar? Todos sabemos que, aunque no está bien saltarse la dieta, es algo que todo el mundo ha hecho pero jamás debe convertirse en una costumbre. Si por las circunstancias, vas a saltarte la dieta acudiendo a un local de comida rápida (hamburguesas, patatas fritas, pizzas, etc.), aquí te indico algunos consejos para que el "pecado" sea menos doloroso si cabe ;) :


1. Reduce las salsas y aderezos: La mayonesa, crema agria, aderezos y otras salsas contienen calorías ocultas. Reduce su consumo de éstos, o evítalos por completo.

2. Di “no” al queso: Una rebanada de queso sobre un sándwich o hamburguesa eleva la grasa total y calorías.

3. Prefiere el pollo: Es mejor pedir pollo asado – no frito o empanado.

4. Verduras para cada sándwich: Pida tomate, lechuga, cebolla u otra verdura para tu sándwich.

5. Cuidado con las patatas y aros de cebolla: Como alternativa, pide una ensalada o patatas al horno. Una ración grande de patatas fritas contiene alrededor de 500 calorías.

6. Evita los refrescos: En lugar de refrescos, pida agua.

7. Tamaño normal: A los "combos" les sobran calorías y grasas. Pide el tamaño pequeño/normal.

8. Trigo integral es mejor: Los panecillos de trigo integral tienen más fibra que los de pan blanco. Algunos restaurantes ofrecen panecillos de trigo como alternativa—sólo hay que pedírselos.

9. Pida pizza de corteza delgada: Una pizza de corteza delgada con verduras es preferible a la de corteza gruesa con carne y queso extra.

10. Date un capricho: Pide yogur o sorbete en lugar de helado o galletas.




* A todo esto, ten presente que la gran mayoría de locales de comida rápida ya incluyen en su menú, la opción de ensalada, así que la opción de comer sano sí la tienes:


Está en tus manos qué comida elegirás. De todos modos, si acabas por comer lo que no deberías, recuerda que hay que tener en mente los logros conseguidos y evitar tirar la toalla, de manera que sigamos con nuestra dieta habitual.

Fuente: kindsein
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La patata es un alimento muy frecuente en nuestra cocina, existen infinidad de platos en la que está presente y la mayoría de personas comemos alguna o varias veces algún plato que contiene dicho alimento a la semana.



En general, se suele decir que "la patata engorda". Véamos si hay algo de cierto en dicha creencia:



¿Cuántas calorías nos aportan las patatas?

Ante todo, hay que destacar que injustamente se suele decir que la patata es un alimento muy calórico. Vamos a ver sus calorías más "de cerca":
100 gramos de patata cruda aportan "sólo" 75/80 calorías, es decir, su contenido energético es similar al de, por ejemplo, el plátano (90 calorías cada 100 gramos). De este modo aporta muchísimas menos calorías que la pasta, ya que el valor energético de la patata (80 calorías/100 gramos) es casi cuatro veces inferior al de la pasta (360 calorías/100 gramos).



Entonces, ¿de dónde viene la fama de que las patatas engordan?
La creencia de que las patatas engordan se debe a que éstas, una vez fritas, se convierten en un alimento alto en calorías ya que, al freírlas, las patatas actúan como una esponja y absorben una gran cantidad de aceite (el aceite contiene unas 900 calorías cada 100 gramos).

De este modo, las patatas pasan de aportarnos unas 80 calorías en crudo a tener un valor energético de 400 calorías una vez fritas.

Por esta razón, resulta altamente recomendable hervirlas o cocinarlas al vapor, sin usar aceite (ni otras grasas) o con muy poca cantidad del mismo.



Recuerda: Te puedes ahorrar 300 calorías con la misma cantidad de patatas, dependiendo de cómo las cocines.


Imágenes: Google



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Hay una tendencia a no reconocer ni desear aquellos alimentos más sanos para nosotros, sino al contrario, normalmente los alimentos que más nos “gustan” son aquellos que menos efectos beneficiosos tienen para nuestro organismo. A veces tenemos deseos de algo dulce, o salado, o nos apetece algo grasiento o necesitamos un estimulante como el café o algunas bebidas cola. Otras veces ansiamos comer alimentos concretos que mejoren nuestro estado nutricional como por ejemplo las naranjas por su alto contenido en vitamina C. Nuestro organismo bajo determinadas circunstancias nos pide cierto tipo de alimentos pero esta apetencia no siempre responde a una necesidad real de ese alimento.

Tenemos que ser capaces de entender lo que está detrás de la ansiedad por comer determinados alimentos o la dificultad al querer dejar de consumirlos. Entender el fenómeno biológico que hay detrás de los antojos es fundamental a la hora de recuperar unos buenos hábitos alimenticios. Estos mismos alimentos que tanto nos gustan pueden estar generando un desequilibrio en nuestro organismo que haga que los necesitemos para encontrarnos bien. Por ejemplo, algunos alimentos como el chocolate aumentan los niveles de serotonina en el cerebro pero a la vez son alimentos altamente adictivos que podemos llegar a comer de manera compulsiva.

Si nos sentimos bien al comer un alimento en particular, entonces de manera natural querremos comer ese alimento a menudo. Si nos sentimos marcadamente mejor después de comer pan, por ejemplo, es probable que continuemos comiéndolo a pesar que el pan es un alimento rico en carbohidratos que nos provoca fácilmente el deseo de comer más y más de él. Los consumidores habituales de pan pueden comerse fácilmente media barra antes de haber siquiera pensado en las consecuencias. Por supuesto, este tipo de situación no es exclusiva del pan, muchos otros alimentos pueden provocar el mismo fenómeno. Esta sensación de ¨ bienestar ¨ con los alimentos puede ser debida a varios motivos.

A menudo, observamos que la sensación de bienestar con los alimentos está conectada con alergias alimenticias. Es un fenómeno extraño pero comer un alimento al que somos alérgicos puede producir una sensación de bienestar engañosa.

Un caso muy especial de esta sensación de placer o bienestar después de comer es el que se produce cuando un alimento sube los niveles de glucosa en sangre. Para que un alimento tenga este efecto tiene que ser un carbohidrato y actuar como fuente de glucosa. Por tanto los alimentos que suben la glucosa más directamente son los azúcares, o los alimentos ricos en azúcares. Las barritas de chocolate son uno de los mejores ejemplos. Estos alimentos tan dulces producen un rápido incremento de los niveles de glucosa ya que el azúcar se absorbe directamente en la sangre. Cuando sube tan rápidamente, se producen unos efectos casi inmediatos que hacen que la persona se sienta mas alerta y mas activa cerebralmente que antes de consumirlos, produciéndose entonces esta sensación de placer. Naturalmente, la gente en general disfruta de esta sensación y muchos de nosotros consumimos este tipo de dulces o alimentos ricos en carbohidratos una y otra vez.

Cuando los niveles de glucosa bajan, tenemos más deseo de azúcares, estimulantes y carbohidratos refinados. Pero a su vez, las bajadas de azúcar se producen cuando se abusa de estos mismos estimulantes, lo que genera un auténtico círculo vicioso. El consumo frecuente de azúcares y estimulantes agota a las glándulas adrenales que cada vez se verán más incapacitadas para estabilizar la glucosa en la sangre y nos produce deseos de alimentos a deshoras, deseos de dulce, chocolate, café, alcohol o algunas bebidas cola.

Si nos alimentamos a base de alimentos procesados, refinados, envasados y desnaturalizados, podemos producir un déficit de micronutrientes como vitaminas o minerales. Este déficit, desequilibra aún más nuestro organismo que acaba pidiendo una cantidad excesiva de comida para poder compensar sus carencias, lo que puede desembocar en una manera compulsiva de comer.

Por último, algunos alimentos pueden afectar a las sustancias químicas del cerebro y en consecuencia al estado de ánimo. Los dos neurotransmisores más importantes para la estabilidad de ánimo y los antojos de comida son la serotonina y las endorfinas. La serotonina se libera tras comer carbohidratos y azúcares y trasmite serenidad y estabilidad de ánimo. Las endorfinas se liberan tras comer grasas y chocolate y transmiten altos niveles de energía y euforia a las neuronas. El chocolate contiene azúcares y grasas por lo que estimula la serotonina y las endorfinas y además contiene teobromina, una sustancia similar a la cafeína, y feniletilamina, una sustancia química que se libera en el cerebro cuando nos enamoramos.

Muchos de los motivos que nos hacen comer de manera compulsiva o con ansiedad son puramente fisiológicos, pero afectan fácilmente nuestras emociones. La sensación de “placer” es tan importante para la gente que acaba teniendo un componente emocional. Queremos sentir esa sensación una y otra vez. Por tanto el consumo de determinados alimentos adquiere un aspecto tanto emocional como de hábito. A mucha gente el comer le alivia tensiones, preocupaciones e infelicidades (quizás también esto tenga que ver con los niveles de glucosa en sangre, pero hay conexiones inevitables entre la fisiología y la psicología).

En parte, las causas de este problema son culturales, nos crea ansiedad el comer de manera diferente a la mayoría. Los alimentos con los que nos hemos criado tienen normalmente un componente emocional y cambiarlos puede suponer una revolución interna. Otro aspecto del bloqueo cultural tiene que ver con la imagen que ciertos alimentos tienen en nuestra sociedad. Algunos alimentos se consideran socialmente “correctos” y por tanto podemos vernos presionados a comerlos como todo el mundo. Bastante a menudo nos encontramos con que los alimentos socialmente aceptables no son particularmente sanos, sino más bien lo opuesto.

En los países Occidentales, en los que se consume una cantidad abundante de productos lácteos, se suele tener esta imagen de la leche y los quesos. Este es el tipo de dependencia emocional a la que nos hemos referido anteriormente. A veces, el trigo también esta ligado a una psicología alimenticia similar, ya que en Occidente se le considera imprescindible.

Cuando decidimos cambiar de dieta por razones de estética, el hecho de prescindir de determinados alimentos lleva implícito ciertas connotaciones negativas, es decir, no nos gusta nuestro aspecto físico. Queremos poder comer “como todo el mundo” pero no podemos. Acabamos deseando con mayor fuerza, aquellos alimentos prohibidos altos en calorías porque no hay una razón de salud para excluirlos sino sólo un deseo de mejorar la imagen exterior. Pero si nuestro motivo para cambiar la dieta no es tanto el peso sino más bien el deseo de estar más sanos y mejor alimentados, entonces las connotaciones negativas desaparecen.

Ya no tenemos el deseo de castigarnos comiendo lo que no debemos sino que el hecho de estar a dieta se convierte en un placer, pues nos sentimos satisfechos de poder mejorar nuestra salud. No queremos tener una alimentación diferente porque nos sobra peso, pero quizás sí queramos ser diferentes porque nos preocupamos más por nuestra salud.




Autor: Elena Perea


Nutrición Ortomolecular http://www.nutricionortomolecular.com









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