La patata es un alimento muy frecuente en nuestra cocina, existen infinidad de platos en la que está presente y la mayoría de personas comemos alguna o varias veces algún plato que contiene dicho alimento a la semana.



En general, se suele decir que "la patata engorda". Véamos si hay algo de cierto en dicha creencia:



¿Cuántas calorías nos aportan las patatas?

Ante todo, hay que destacar que injustamente se suele decir que la patata es un alimento muy calórico. Vamos a ver sus calorías más "de cerca":
100 gramos de patata cruda aportan "sólo" 75/80 calorías, es decir, su contenido energético es similar al de, por ejemplo, el plátano (90 calorías cada 100 gramos). De este modo aporta muchísimas menos calorías que la pasta, ya que el valor energético de la patata (80 calorías/100 gramos) es casi cuatro veces inferior al de la pasta (360 calorías/100 gramos).



Entonces, ¿de dónde viene la fama de que las patatas engordan?
La creencia de que las patatas engordan se debe a que éstas, una vez fritas, se convierten en un alimento alto en calorías ya que, al freírlas, las patatas actúan como una esponja y absorben una gran cantidad de aceite (el aceite contiene unas 900 calorías cada 100 gramos).

De este modo, las patatas pasan de aportarnos unas 80 calorías en crudo a tener un valor energético de 400 calorías una vez fritas.

Por esta razón, resulta altamente recomendable hervirlas o cocinarlas al vapor, sin usar aceite (ni otras grasas) o con muy poca cantidad del mismo.



Recuerda: Te puedes ahorrar 300 calorías con la misma cantidad de patatas, dependiendo de cómo las cocines.


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Aprende a respirar correctamente

jueves, febrero 19, 2009 | 0 Comments



Una respiración correcta significa, entre otras cosas, utilizar bien las estructuras orgánicas que tenemos para respirar. Y la respiración empieza por la nariz, no por la boca. Su misión es importante: limpia el aire, lo calienta, lo humedece, y lo acondiciona para pasar en buenas condiciones a las vías respiratorias bajas. Para ello las mucosas nasales están dotadas de una buena vascularización, por eso suelen sangrar abundantemente, y de infinidad de cilios (pelillos) que filtran el aire.


El mecanismo por el que respiramos depende por un lado de los movimientos elásticos de los pulmones y por otro de los movimientos de la caja torácica en que se ubican. La inspiración se produce cuando los músculos intercostales tiran de las costillas separándolas mientras que el diafragma desciende, lo que genera dentro de la caja torácica una presión negativa que hace que el pulmón se expanda, penetre el aire a través de las vías respiratorias que se dilatan y sus alvéolos se distiendan llenándose de aire, de la misma forma que una esponja se llena de agua cuando la descomprimimos dentro del agua.

Para vaciarlos hacemos lo contrario, los músculos que mueven la caja torácica se relajan, el diafragma se eleva, aumenta la presión dentro del tórax y se comprimen los pulmones que son vaciados. Este ciclo se repite una veintena de veces por minuto desde que nacemos hasta que morimos y en cada respiración un pulmón normal moviliza una media de 500 centímetros cúbicos de aire.

Tipos de respiración
Una respiración completa y correcta supone movilizar bien todas las estructuras mencionadas, algo que, por desgracia, no suele ocurrir. Así, hablamos de:

Respiración alta o clavicular: los músculos del cuello tiran de las costillas superiores hacia arriba, y éstas arrastran a las demás. Abdomen y diafragma intervienen poco. Es la peor forma de respirar, gasta mucha energía y se obtiene poco rendimiento.
Respiración media o intercostal: aunque mejor que la anterior, es también deficiente. Las costillas y el diafragma se levantan ligeramente y el pecho se dilata parcialmente. Es la forma habitual de respirar de muchas personas.
Respiración baja o abdominal: es más profunda que las anteriores, y la mejor de las tres. El diafragma es un músculo potente situado entre tórax y abdomen que en reposo está arqueado hacia arriba; cuando se contrae se aplana, hace presión sobre los órganos abdominales a los que empuja hacia fuera, por lo que se abomba el abdomen.
Respiración completa: pone en marcha todas las anteriores, todos los músculos respiratorios entran en juego, permitiendo un completo llenado y vaciado de los pulmones. El aire movilizado puede ser de hasta un litro o más en cada respiración.


Ejercicios para respirar correctamente
Aprender a respirar correctamente y corregir malos hábitos es sencillo. Al principio es conveniente entrenarse practicándolo varias veces al día. Para ello sólo se precisa de unos minutos. Se puede hacer en casa, en el trabajo, mientras camina y en cualquier circunstancia, o bien dedicándole una sesión de ejercicios como los que describimos a continuación.

De pie o sentado, con la columna erecta, derecha, y respirando siempre por las fosas nasales, se inhala llenando primero la parte inferior de los pulmones, lo que se obtiene poniendo en juego el diafragma. Cuando desciende, hace que se abombe el abdomen, se eleven las costillas inferiores, esternón y pecho, para finalizar llenando la parte alta de los pulmones alzando la parte superior del pecho, como si tirase del cuello. Aunque aparentemente puede parecer que esta respiración consiste en tres movimientos distintos, con un poco de práctica verá que sólo es uno y que la inhalación es continua. Una vez finalizada la inhalación, que dura un par de segundos, retenga el aire algunos segundos. Exhalar muy despacio metiendo poco a poco el abdomen y descendiendo la parrilla costal hasta expulsar todo el aire para aflojar al final el pecho y el abdomen. Con un poco de práctica esta forma de respirar se ejecutará casi automáticamente. Al principio, en las primeras sesiones, se puede practicar frente a un espejo, colocando una mano sobre el abdomen y otra sobre el tórax, de manera que se puedan ver y sentir los movimientos, lo que ayudará mucho a comprender el mecanismo de la respiración completa y a conocer mejor nuestro cuerpo.

El ejercicio puede durar lo que uno quiera y repetirlo varias veces al día porque es compatible con cualquier otra actividad. Hay una larga serie de ejercicios respiratorios, todos ellos muy relajantes y que se utilizan también para combatir el insomnio practicándolos antes de acostarse. Son también muy eficaces en momentos de tensión y de estrés, gracias a su efecto sedante.




Fuente: consumer


Imágenes: vitalitystrategies y lvh
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Hay una tendencia a no reconocer ni desear aquellos alimentos más sanos para nosotros, sino al contrario, normalmente los alimentos que más nos “gustan” son aquellos que menos efectos beneficiosos tienen para nuestro organismo. A veces tenemos deseos de algo dulce, o salado, o nos apetece algo grasiento o necesitamos un estimulante como el café o algunas bebidas cola. Otras veces ansiamos comer alimentos concretos que mejoren nuestro estado nutricional como por ejemplo las naranjas por su alto contenido en vitamina C. Nuestro organismo bajo determinadas circunstancias nos pide cierto tipo de alimentos pero esta apetencia no siempre responde a una necesidad real de ese alimento.

Tenemos que ser capaces de entender lo que está detrás de la ansiedad por comer determinados alimentos o la dificultad al querer dejar de consumirlos. Entender el fenómeno biológico que hay detrás de los antojos es fundamental a la hora de recuperar unos buenos hábitos alimenticios. Estos mismos alimentos que tanto nos gustan pueden estar generando un desequilibrio en nuestro organismo que haga que los necesitemos para encontrarnos bien. Por ejemplo, algunos alimentos como el chocolate aumentan los niveles de serotonina en el cerebro pero a la vez son alimentos altamente adictivos que podemos llegar a comer de manera compulsiva.

Si nos sentimos bien al comer un alimento en particular, entonces de manera natural querremos comer ese alimento a menudo. Si nos sentimos marcadamente mejor después de comer pan, por ejemplo, es probable que continuemos comiéndolo a pesar que el pan es un alimento rico en carbohidratos que nos provoca fácilmente el deseo de comer más y más de él. Los consumidores habituales de pan pueden comerse fácilmente media barra antes de haber siquiera pensado en las consecuencias. Por supuesto, este tipo de situación no es exclusiva del pan, muchos otros alimentos pueden provocar el mismo fenómeno. Esta sensación de ¨ bienestar ¨ con los alimentos puede ser debida a varios motivos.

A menudo, observamos que la sensación de bienestar con los alimentos está conectada con alergias alimenticias. Es un fenómeno extraño pero comer un alimento al que somos alérgicos puede producir una sensación de bienestar engañosa.

Un caso muy especial de esta sensación de placer o bienestar después de comer es el que se produce cuando un alimento sube los niveles de glucosa en sangre. Para que un alimento tenga este efecto tiene que ser un carbohidrato y actuar como fuente de glucosa. Por tanto los alimentos que suben la glucosa más directamente son los azúcares, o los alimentos ricos en azúcares. Las barritas de chocolate son uno de los mejores ejemplos. Estos alimentos tan dulces producen un rápido incremento de los niveles de glucosa ya que el azúcar se absorbe directamente en la sangre. Cuando sube tan rápidamente, se producen unos efectos casi inmediatos que hacen que la persona se sienta mas alerta y mas activa cerebralmente que antes de consumirlos, produciéndose entonces esta sensación de placer. Naturalmente, la gente en general disfruta de esta sensación y muchos de nosotros consumimos este tipo de dulces o alimentos ricos en carbohidratos una y otra vez.

Cuando los niveles de glucosa bajan, tenemos más deseo de azúcares, estimulantes y carbohidratos refinados. Pero a su vez, las bajadas de azúcar se producen cuando se abusa de estos mismos estimulantes, lo que genera un auténtico círculo vicioso. El consumo frecuente de azúcares y estimulantes agota a las glándulas adrenales que cada vez se verán más incapacitadas para estabilizar la glucosa en la sangre y nos produce deseos de alimentos a deshoras, deseos de dulce, chocolate, café, alcohol o algunas bebidas cola.

Si nos alimentamos a base de alimentos procesados, refinados, envasados y desnaturalizados, podemos producir un déficit de micronutrientes como vitaminas o minerales. Este déficit, desequilibra aún más nuestro organismo que acaba pidiendo una cantidad excesiva de comida para poder compensar sus carencias, lo que puede desembocar en una manera compulsiva de comer.

Por último, algunos alimentos pueden afectar a las sustancias químicas del cerebro y en consecuencia al estado de ánimo. Los dos neurotransmisores más importantes para la estabilidad de ánimo y los antojos de comida son la serotonina y las endorfinas. La serotonina se libera tras comer carbohidratos y azúcares y trasmite serenidad y estabilidad de ánimo. Las endorfinas se liberan tras comer grasas y chocolate y transmiten altos niveles de energía y euforia a las neuronas. El chocolate contiene azúcares y grasas por lo que estimula la serotonina y las endorfinas y además contiene teobromina, una sustancia similar a la cafeína, y feniletilamina, una sustancia química que se libera en el cerebro cuando nos enamoramos.

Muchos de los motivos que nos hacen comer de manera compulsiva o con ansiedad son puramente fisiológicos, pero afectan fácilmente nuestras emociones. La sensación de “placer” es tan importante para la gente que acaba teniendo un componente emocional. Queremos sentir esa sensación una y otra vez. Por tanto el consumo de determinados alimentos adquiere un aspecto tanto emocional como de hábito. A mucha gente el comer le alivia tensiones, preocupaciones e infelicidades (quizás también esto tenga que ver con los niveles de glucosa en sangre, pero hay conexiones inevitables entre la fisiología y la psicología).

En parte, las causas de este problema son culturales, nos crea ansiedad el comer de manera diferente a la mayoría. Los alimentos con los que nos hemos criado tienen normalmente un componente emocional y cambiarlos puede suponer una revolución interna. Otro aspecto del bloqueo cultural tiene que ver con la imagen que ciertos alimentos tienen en nuestra sociedad. Algunos alimentos se consideran socialmente “correctos” y por tanto podemos vernos presionados a comerlos como todo el mundo. Bastante a menudo nos encontramos con que los alimentos socialmente aceptables no son particularmente sanos, sino más bien lo opuesto.

En los países Occidentales, en los que se consume una cantidad abundante de productos lácteos, se suele tener esta imagen de la leche y los quesos. Este es el tipo de dependencia emocional a la que nos hemos referido anteriormente. A veces, el trigo también esta ligado a una psicología alimenticia similar, ya que en Occidente se le considera imprescindible.

Cuando decidimos cambiar de dieta por razones de estética, el hecho de prescindir de determinados alimentos lleva implícito ciertas connotaciones negativas, es decir, no nos gusta nuestro aspecto físico. Queremos poder comer “como todo el mundo” pero no podemos. Acabamos deseando con mayor fuerza, aquellos alimentos prohibidos altos en calorías porque no hay una razón de salud para excluirlos sino sólo un deseo de mejorar la imagen exterior. Pero si nuestro motivo para cambiar la dieta no es tanto el peso sino más bien el deseo de estar más sanos y mejor alimentados, entonces las connotaciones negativas desaparecen.

Ya no tenemos el deseo de castigarnos comiendo lo que no debemos sino que el hecho de estar a dieta se convierte en un placer, pues nos sentimos satisfechos de poder mejorar nuestra salud. No queremos tener una alimentación diferente porque nos sobra peso, pero quizás sí queramos ser diferentes porque nos preocupamos más por nuestra salud.




Autor: Elena Perea


Nutrición Ortomolecular http://www.nutricionortomolecular.com









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Desayuno, ¡no te lo saltes!

lunes, febrero 16, 2009 | 0 Comments

Un desayuno equilibrado contribuye a un reparto más armónico de las calorías a lo largo del día y proporciona una ración esencial de nutrientes especialmente importantes en el periodo escolar, la etapa más importante para el crecimiento y desarrollo. A pesar de que la mayoría de los padres reconocen los beneficios de un buen desayuno para comenzar adecuadamente el día, en Europa siete millones de niños acuden al colegio cada mañana sin desayunar.
En este estudio también se pone de manifiesto que la alimentación que efectúan gran parte de los adolescentes por la mañana contiene un aporte calórico inferior a lo recomendado. La consecuencia de no desayunar o hacerlo de forma inadecuada, genera un desequilibrio de sus hábitos alimentarios y, en consecuencia, de su estado nutricional.


Los beneficios de un buen desayuno
Diversos estudios demuestran los beneficios para la salud relacionados directamente con la toma de un desayuno equilibrado:

· Mejora el estado nutricional. Tomar un buen desayuno ayuda a realizar ingestas más altas de la mayor parte de los nutrientes que el organismo precisa. Las personas que no desayunan suelen seguir una dieta de peor calidad, mientras que quienes lo hacen, suelen hacer una dieta menos grasa y más rica en fibra, vitaminas y minerales.

· Provoca un menor consumo de grasa. Si el desayuno incluye tostadas, pan, cereales, galletas integrales, etc., el consumo diario de grasa es menor. El consumo de estos alimentos contribuye a aumentar los aportes calóricos realizados a partir de los hidratos de carbono, reemplazando otros con mayor contenido graso (bollería industrial, repostería, etc.).

· Los cereales y el pan integral cubren gran parte de las necesidades diarias de fibra.

· Ayuda a controlar el peso. Las personas que desayunan mantienen el peso dentro de límites saludables en mayor medida que las que omiten esta comida. Desayunar bien evita picar entre horas (snacks, golosinas, bollería... ) un factor muy importante a la hora de controlar el peso.

· Mejora el rendimiento físico e intelectual. Las personas que omiten el desayuno ponen en marcha una serie de mecanismos en el organismo (descenso de la hormona insulina y aumento de cortisol y catecolaminas…) para mantener la glucemia (nivel de azúcar en sangre) en valores aceptables. Estos cambios hormonales alteran o condicionan la conducta e influyen negativamente en el rendimiento físico e intelectual.


¿Y si no desayunan?
La inclusión del desayuno en los programas de alimentación escolar ha tenido gran importancia no sólo para mejorar o instaurar unos correctos hábitos alimentarios sino también para estudiar su repercusión en el estado nutricional y su posible papel en el éxito académico.

Uno de los primeros trabajos realizados para documentar su influencia en el rendimiento escolar es el famoso estudio de Iowa publicado en 1962. Los niños que iban a la escuela sin desayunar mostraban una disminución de su capacidad física máxima, de su resistencia al esfuerzo, de su fuerza muscular, de su capacidad de concentración y de su capacidad de aprendizaje.

Las consecuencias de que un adolescente no desayune están ampliamente contrastadas:
- decaimiento
- falta de concentración
- mal humor, causado por la deficiencia de glucosa. A primera hora de la mañana, el organismo lleva ya entre 8 y 10 horas sin recibir ningún alimento. La falta de glucosa empuja a nuestro cuerpo a quemar otras reservas energéticas, lo que causa múltiples alteraciones en el normal funcionamiento orgánico.
- dificultades en el aprendizaje y descenso del rendimiento.


Fuente: Orange

Foto de marinegirl vía Flickr
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